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miércoles, 14 de junio de 2017

Solo 3 de cada 100 personas donan sangre por altruismo


Con 450 mililitros de agua una persona puede mitigar su sed; si es líquido de frenos es posible hacer funcionar el sistema de frenado de un automóvil.




México, UNAM / ciberpasquinero

Con 450 mililitros de sangre se pueden salvar tres vidas, aunque sólo será posible si hay donantes.
En México sólo tres personas de cada 100 donan sangre de manera altruista, pues la forma más común de donación es “por reposición”: cuando un familiar, amigo o conocido la requiere para un tratamiento médico por enfermedad, accidente o parto, señaló Norma López Santiago, académica de la Facultad de Medicina (FM) de la UNAM, en el marco del Día Mundial del Donante de Sangre, que se conmemora hoy, 14 de junio.
Al referirse a la baja donación altruista, mencionó que existen múltiples factores: desconfianza hacia algunas instituciones de salud, principalmente las que opera el gobierno; “pero el desinterés es quizá lo que más incide, pues no hay conciencia preventiva entre nuestra población.”

Control de seguridad
López Santiago indicó que existen estrictos controles de seguridad para la donación de sangre, implementados desde mediados de los años 80 por la aparición del VIH-sida.
Desde entonces, y con las regulaciones a las leyes en materia de salud en México, ya no se paga por donar sangre y su análisis es obligatorio antes de que llegue al banco.
A un donante, sea altruista o de reposición, se le aplica una encuesta de conducta para analizar el riesgo; posteriormente, un médico hace una entrevista de salud, y si la persona es apta, se permite la donación. Antes de ser llevada al banco, a la sangre se le practica una biometría hemática o análisis completo para detectar si está libre de enfermedades infecciosas como VIH-sida o hepatitis B o C, entre otras.
López Santiago mencionó que alguien con tatuajes o perforaciones puede ser donador si el último tatuaje o piercing tiene un año o más, a fin de detectar si hay alguna infección.
Finalmente, hizo un llamado a la sociedad para que donen de forma altruista y siempre haya sangre disponible para quien la necesite por transfusión, parto o por un accidente que ponga en riesgo la vida.


Ulises Criollo

De su cruzada educativa destaca la creación de las escuelas rurales en el campo a fin de unificar el país culturalmente.

México, Notimex-Libre Acceso / ciberpasquinero

Creador de instituciones, participante del Ateneo de la Juventud, grupo crítico del gobierno de Porfirio Díaz, así como del movimiento maderista y luego del villista, así como secretario de Educación, desde donde lanzó una cruzada por todo el país, José Vasconcelos nació el 27 de febrero de 1882.
Llegó al mundo en el estado de Oaxaca pero a corta edad se trasladó a vivir en Piedras Negras, Coahuila, para posteriormente residir en otras entidades. 
Realizó sus estudios elementales en el Instituto Campechano y en la Ciudad de México estudió en la Escuela Nacional Preparatoria.
De acuerdo con su biografía publicada por la Secretaría de Educación Pública (SEP), estudió la carrera de Derecho y como abogado, en 1907 se unió al Ateneo de la Juventud, que mantenía posturas opuestas al grupo en el poder que encabezaba el presidente Porfirio Díaz.


Rector
Así, en 1908 se unió al movimiento que encabezaba Francisco I. Madero, opuesto a Díaz, y al estallar la Revolución Mexicana participó del lado maderista y luego en el de Francisco Villa, para ser nombrado secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes en el gobierno de Eulalio Gutiérrez, emanado de la Convención de Aguascalientes.
De acuerdo con información de su vida publicada por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), tras este momento de su vida se exilia y realiza una ”brillante gira como conferencista en universidades norteamericanas”, y en Lima, Perú, dictó la titulada “El movimiento intelectual contemporáneo de México”.
La SEP recordó que al triunfo de la Revolución fue nombrado titular del Departamento Universitario y de Bellas Artes del 9 de junio de 1920 al 12 de octubre de 1921, lo que implicaba ser rector de la Universidad Nacional, de la que creó el lema que le da identidad: “Por mi raza hablará el espíritu”.
Del 12 de octubre de 1921 al 2 de julio de 1924 se desempeñó como secretario de Educación, organizando a la dependencia en tres departamentos: Escolar, de Bellas Artes y de Bibliotecas y Archivos. Además, “impulsó la educación popular, creó bibliotecas y celebró con gran éxito la primera Exposición del Libro en el Palacio de Minería”, refirió la fuente

Cruzada educativaPero su labor en la SEP fue más allá: impulsó un amplio programa de publicaciones, que incluye clásicos universales; impulsó las revistas “El Maestro” y “La Antorcha”, lo mismo que se hizo de educadores extranjeros como Pedro Henríquez Ureña y Gabriela Mistral.
De su cruzada educativa destaca la creación de “las escuelas rurales en el campo a fin de unificar el país culturalmente; entre ellas destacan las Casas del Pueblo (la escuela rural), que convocaron a las comunidades a un esfuerzo de alfabetización, instrucción de diversas habilidades y conocimientos y de un desarrollo de la vida social”.



Con ello, añadió la SEP, se mejoraron “las técnicas de producción, formando con sus propios medios a los maestros rurales quienes dieron vida a las Misiones Culturales instituidas en 1923”.
En su periodo al frente de la dependencia floreció el movimiento conocido como Escuela Mexicana de Pintura y el muralismo, con sus grandes representantes: Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros, Roberto Montenegro y Jean Charlot.

"Ulises Criollo"Tras renunciar como secretario de Educación, en 1924 presentó su candidatura al gobierno de Oaxaca, elección que perdió, por lo que salió del país para regresar cuatro años después contendiendo por la Presidencia de la República, sus partidarios alegaron fraude electoral y Vasconcelos llamó a una insurrección que no tuvo éxito.
José Vasconcelos salió de nuevo del país para volver en 1940, para dirigir la Biblioteca Nacional, y tres años más tarde ingresó a El Colegio Nacional como miembro fundador. En 1953 fue elegido miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua. Murió el 30 de junio de 1950.
Sus experiencias de vida las plasmó en cuatro libros: “Ulises Criollo” (1935), “La tormenta” (1936), “El Proconsulado” (1939) y “La Flama” (1959). Otros libros que publicó son “Historia y antología del pensamiento filosófico” (1926) y “Sociología genética y sistemática” (1927).
Igualmente, “El acto ideatorio” (1934), “Positivismo, neo positivismo y fenomenología” (1941), “El peligro del hombre” (1942) y “México (apuntamientos de cultura patria)” (1943), entre otras.