martes, 14 de septiembre de 2021

Lección de dignidad para la historia




Biblioteca de Alejandría / Ciberpasquinero

Con sus principales enemigos ya eliminados, Octavio anexionó Egipto y la convirtió en una provincia romana (en el futuro hablaremos del Egipto romano) y así fue como capitulaba el reino del Nilo desde que, más de 3000 años atrás, el primer faraón Narmer uniese el Alto y Bajo Egipto en un estado unificado, rico y eficiente.
Con calculada sangre fría, Octavio ordenó la ejecución de Cesarión -ya sabéis, ese hijo resultante de la relación entre Julio César y Cleopatra- resolviendo así de un plumazo cualquier problema de reclamación dinástica por parte de Cesarión. 
Aunque, sin embargo, también decidió llevarse a Roma sanos y salvos a los hijos que Cleopatra tuvo con Antonio. Eran tres. 
Veréis, durante cierto tiempo, Marco Antonio mantuvo un romance con Cleopatra estando a la vez casado con una mujer romana y sin apenas molestarse en ocultarlo. Peor aún, esta mujer esposa de Antonio, de nombre Octavia, que era la hermana de Cayo Octavio; se humilló continuamente tratando de recuperar a su marido y evitando que se enzarzase en una fraticida guerra civil contra su hermano. 
Entonces, ¿De qué modo debía recibir a estos niños la antigua esposa de Antonio en su propia ciudad?.
Con una lección de dignidad para la historia.
Octavia, que era una mujer respetada y admirada en Roma por su alto código moral, humanidad y aplomo; decidió educar ella misma a los hijos de Marco Antonio y Cleopatra [estos eran los mellizos Alejandro Helios y Cleopatra Slene, más el pequeño Ptolomeo Filadelfo]. 
Es impresionante ver como, después de ser engañada por su marido con una reina extranjera, Octavia tuvo el suficiente pundonor como para criar a los hijos nacidos de esta infidelidad, procurándoles una educación Romana y todo el amor que, sin duda, el siempre atareado, bebedor y mujeriego Antonio jamás podría darles.
Esta notable mujer se vio atrapada en un conflicto en el que, independientemente del resultado final, siempre saldría perjudicada, pues su marido y su hermano se disputaban el mundo mientras que ella, simplemente, permaneció estoicamente firme y sin perder la compostura, hasta el final. 
Octavia es una de las mujeres más ilustres de toda la historia de Roma

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